La convivencia agota emocionalmente en todos los ámbitos, el familiar, el escolar, el laboral, en las relaciones de pareja… y en cualquier entorno en el que tengamos que relacionarnos a diario con las mismas personas. Cada uno/a con su personalidad, sus vivencias y su manera de entender las relaciones y comunicarse.
Sin embargo, es en estos espacios de encuentro donde tenemos la oportunidad de crecer como seres humanos y donde logramos conocernos mejor y desarrollamos nuestra dimensión social.
Y es que como dice Nazaret Castellanos en su obra El puente donde habitan las mariposas “Ser humano es un arte. No es una ciencia. Si fuera una ciencia tendríamos definiciones aceptadas, teorías confirmadas, respuestas unívocas, protocolos y manuales para la vida. Pero no los tenemos y todo lo que se presenta con esa pretensión no es más que un engaño” yo añadiría una ilusión, una idealización que se acaba rompiendo.
Llegados a esta época del año, donde el cansancio, el calor y la irritabilidad parecen ir de la mano, recordemos ser compasivas/os con nosotras/os mismas/os y con los demás. Tomemos el tiempo que necesitemos a diario para nutrirnos y reponernos y seguir en la labor educativa con la mejor de las actitudes.
Continuemos acompañando a los niños y niñas como verdaderamente nos necesitan: como adultos de referencia presentes, que guían su camino con amor y límites, confían en ellos/as y en sus procesos de aprendizaje.
Ánimo a todos en este final de curso, en casa y en los coles💪🏼❤