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Escuchando a mi cuerpo

Posted by Elizabeth García. Infancia y Educación

Enero 2017

“La educación según el modelo occidental se basa en la tensión constante”, ” El estrés está integrado en el proceso educativo”, “Las últimas estadísticas reflejan la importancia que ha cobrado este síndrome entre los educadores y entre los niños y niñas”, “La labor educativa se convierte en muchas ocasiones en una fuente constante de frustraciones”.

 

A pesar de la vasta investigación existente en relación al estrés que produce la labor educativa, llama la atención lo poco que cuidamos, por lo general, a nuestro cuerpo. El estrés, por la sobrecarga de responsabilidades, los conflictos diarios, la falta de control sobre los resultados o las expectativas poco realistas, se manifiesta de forma diferente en cada persona, sin embargo es frecuente que impacte en nuestra salud física y mental. Las consecuencias trascienden la dimensión individual ya que afectan al tipo de relación que tenemos con los niños y las niñas e impactan directamente en su bienestar físico y emocional. 

 

En ese sentido hoy queremos aproximarnos al tema del bienestar corporal del educador desde una perspectiva diferente. Y lo hacemos gracias a la colaboración de Maite Jiménez Vidal, profesional de la Medicina China y Helena Guevara, profesora del Método Feldenkrais de Auto-conciencia a través del Movimiento.

 

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Maite Jimenez Vidal

 

Maite se trasladó de Barcelona a los Estados Unidos en el 2006 como investigadora post-doctoral en la Universidad de California San Francisco (UCSF) donde se dedicó a la investigación de tumores a nivel celular y molecular. Durante su vida en San Francisco buscó terapias alternativas que ayudasen a mejorar los problemas de salud, y descubrió la acupuntura y las hierbas Chinas. Los resultados obtenidos fueron tan buenos, que quiso estudiar esta medicina milenaria e hizo un Master de Medicina Oriental. Para ello se mudó a Austin, ciudad natal de su pareja, que cuenta con dos escuelas de Medicina China. Actualmente Maite tiene una pequeña consulta de acupuntura y medicina oriental en el centro de Austin y es mamá de una preciosa niña de cuatro años.

 

 

Maite por lo general ¿escuchamos a nuestro cuerpo?

Mi experiencia es que generalmente no lo escuchamos. Lo hacemos cuando anda mal y enfermamos. Nos hemos acostumbrado a vivir con un alto nivel de estrés, con dolor en la zona de los hombros, el cuello, la espalda, con una cierta ansiedad e irritabilidad que parece normal en la época en la que vivimos y sin embargo no lo es. El estrés nos enferma y la medicina convencional por lo general trata la enfermedad en sí con medicamentos pero no toma en consideración el momento emocional o la situación estresante por la que está pasando la persona. Es muy importante que aprendamos a pararnos y escuchemos a nuestro cuerpo a diario.

¿Qué aspectos básicos deberíamos tener en cuenta para cuidar mejor nuestro cuerpo?

El primer paso sería que parasemos y revisaramos nuestras rutinas: ¿qué estoy comiendo? ¿tengo sed? ¿me levanto con energía? ¿tengo dolores musculares? ¿ me siento ágil, flexible? ¿voy al baño regularmente? ¿me irrito fácilmente? ¿pienso mucho? Son cuestiones fundamentales en nuestra salud que no hay que pasar por alto.

  • farmacia-naturalNuestra dieta. La digestión es la que nos da la energía, la sangre que fluye por nuestro cuerpo. Si no cuidamos este aspecto y le ponemos dificultades diarias el cuerpo extrae menos nutrientes, que en definitiva son elementos preventivos y curativos, y por tanto hay más posibilidades de que enferme (es importante aclarar que estamos hablando de enfermedades comunes, no genéticas).  Según la Medicina China es importante tener una dieta balanceada que incluya la ingesta de grano, legumbres, carne, pescado, frutas y verduras; ¡cocinar! esto es fundamental; minimizar la ingesta de comida cruda, bebidas frías  (hace que el sistema digestivo vaya más lento) comida rápida y alimentos procesados con cantidades inmesas de azúcar y/o modificados genéticamente. Cuanto más natural y local mejor. Se trata de invertir en nuestra alimentación ya que sin duda enfermar sale más caro que comer bien.
  • Ejercicio. Hay que ejercitar el cuerpo idealmente cada día. Hay actividades fabulosas y ejercicios suaves como el yoga, taichi o qigong que conectan la mente y el cuerpo, nos ayudan a desbloquear todas las articulaciones, los nervios y facilitan el flujo sanguíneo por todo nuestro cuerpo. Cuando todas las partes del cuerpo se mueven es más fácil que las toxinas que teníamos también se muevan y se expulsen fuera del cuerpo a través del sudor o la orina. Las toxinas estancadas generan dolor. Cuando hablamos de ejercicio es importante pensar en nuestro bienestar corporal y mental. 
  • Descanso. La medicina china no establece un número mínimo de horas de sueño ya que las necesidades dependen de cada persona pero lo que está claro es durante el sueño el organismo es capaz de desintoxicarse, nutrir y reparar sus órganos y equilibrar las emociones. Acostarse temprano eleva la calidad de vida.
  • Meditación. Meditar significa tener un momento al día de estar en paz contigo mismo (sin estímulos externos). Se trata de un tiempo en el que somos conscientes de que queremos bajar el ritmo de actividad de nuestra mente (¡pensar consume mucha energía!) y permitimos que la sangre que está en la cabeza fluya por todo el cuerpo. Con 5 minutos al día dedicados a “no pensar en nada” le estamos devolviendo al resto del cuerpo la energía que necesita para conseguir el balance entre el cuerpo y la mente.
  • Las emociones. Según la medicina China, las emociones afectan directamente a la función de nuestros órganos. La forma en la que nos relacionamos con los demás, y las emociones que nos generan, también tienen un impacto en nuestra salud. Estas emociones, sobretodo las negativas, que pueden ser tan variadas como la ira, el miedo, el rencor, la tristeza, bloquean el flujo de energía en nuestro cuerpo. Esto hace que nuestros órganos se debiliten y a la larga se traduzca en enfermedad. Muchas de las enfermedades crónicas modernas como la diabetes, hipertensión, trastornos digestivos se alivian o hasta incluso desaparecen cuando la persona reduce el nivel de estrés y las emociones negativas en su vida. Es fundamental mantener relaciones sanas por lo que hay que preguntarse ¿hacia donde se inclina la balanza cuando me relaciono con esta persona? ¿hacia el buen humor? ¿hacia el mal humor o malestar? Decidir lo que queremos y alejarnos de aquellas fuentes de negatividad y malestar es fundamental para estar sanos.

En definitiva se trata de escuchar a nuestro cuerpo y de respetarlo. A veces nuestro cuerpo nos pide descanso y entonces hay que descansar. A veces nos pide comida, o a veces silencio. Si nos respetamos y priorizamos la salud en nuestro día a día con estos cinco principios básicos (dieta, ejercicio, descanso, meditación y emociones) gozaremos de la salud necesaria para poder cuidar bien de los demás, ya sea en casa, en la escuela o donde realizamos nuestra labor educativa.

¡Muchas gracias Maite!

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Helena Guevara

¡Hola! Mi nombre es Helena Guevara.
Presentarme siempre es un desafío, porque cada vez que tengo que definirme de forma escueta he de observar la imagen que tengo de mi misma en este momento, junto con las prioridades vitales de dicho momento. Soy un ser humano que anhela la paz. Entiendo la paz como un estado en el que ya no aparecen deseos personales, un estado donde sólo hay aceptación de la realidad tal como se presenta acompañado de un profundo sentimiento de agradecimiento.
Vivo en familia, en la Isla de Lanzarote (España), y comparto mi vida con un hombre y dos niños de 3 y 1 año, nuestros hijos y maestros.
Trabajo todo el día, en general muy a gusto, como ama de casa, cocinera, educadora y profesora del Método Feldenkrais de Auto-conciencia a través del Movimiento. Facilito clases semanales, talleres mensuales y retiros intensivos del Método Feldenkrais en las Islas Canarias y en diferentes lugares de la península. La auto-indagación, a través del cuerpo en movimiento y de la pregunta ¿quién soy yo? de la filosofía advaita, es mi gran pasión de esta vida.

Helena ¿miramos nuestro cuerpo?

Sí, miramos nuestro cuerpo. Lo miramos en el espejo, cada día. Pero me atrevo a decir que no lo miramos exactamente, sino que lo juzgamos: “Me veo bien o no me veo bien” “Tengo que adelgazar un poco o engordar algo” “Estoy envejeciendo” “Esta tripa, estos pechos no son lo que eran” “Me voy aquedar sin pelo”, etc.
¿Por qué nos juzgamos con sólo mirarnos? Porque es lo que aprendimos. Porque desde pequeños nos enseñaron a mirar, pero no a mirar para observar, para darnos cuenta, para tomar conciencia, sino a mirar para juzgar: “¡qué rico!¡qué guapa! ¡qué feo te pones cuando lloras! ¡tiene la nariz de su abuelo! ¡qué alto! ¡qué bajo! ¡qué gordito!”… nos decían, día tras día, cuando éramos pequeños.
Interiorizamos el juicio constante y, ahora de adultos, ya no necesitamos que nadie nos juzgue porque nos juzgamos a nosotros mismos. “Lo que nos hicieron de pequeños nos lo hacemos de mayores” Alejandro Jodorowsky.
Así que sí, miramos nuestro cuerpo, pero para juzgarlo.

¿Nos paramos a observar nuestra postura corporal?

Paramos a observar algunos pocos aspectos de nuestra postura corporal que son socialmente conocidos. A menudo nos damos cuenta de que nuestra espalda está encorvada, y que cruzamos las piernas cuando nos sentamos, que apretamos las mandíbulas, que cogemos objetos del suelo sin agacharnos… Después de darnos cuenta y de juzgar nuestras posturas como malas o incorrectas viene el siguiente paso, la corrección. Entonces tratamos de erguir la espalda, descruzar las piernas y relajar las mandíbulas,siendo capaces de sostener esta corrección sólo algunos segundos. ¿Porqué? Porque hay una gran diferencia entre juzgar y corregir y tomar conciencia y re-aprender.
Es importante que observemos cuándo y cuánto nos juzgamos, si tras el juicio aparece la corrección, y preguntarnos e indagar acerca de si el corregir trae cambios reales y duraderos o no. Y hablo en general, no sólo en lo que concierne a nuestra postural corporal sino en cualquier aspecto de nuestra vida.

¿Transmitimos nuestra tensión y nuestro estrés a los niños y niñas cuando les educamos?

Indudablemente. Se educa por contagio. Si estás en paz transmites paz y si estás tensa o estresado eso será lo que transmitas. Si te juzgas, juzgarás y si te corriges corregirás.

¿Cómo les afecta esto en su desarrollo integral?

Es importante recordar que bajo tensión o estrés el cerebro no aprende. La neurociencia habla mucho de esto y también de la relación de las emociones con el aprendizaje, es un tema interesantísimo, apasionante.
En un ambiente de paz, amor, respeto, escucha y apertura el niño/a se siente confiado para aventurarse en lo desconocido, se atreve a explorar, se divierte equivocándose y, por consiguiente, aprende. Sin juicio sobre sus acciones no habrá posibilidad de corrección y daremos el espacio suficiente al niño para que aprenda por sí mismo, sin la intervención del adulto “enseñante”. El aprendizaje autónomo, es decir, aprender por uno mismo, es el gran pilar de la autoestima: puedo hacerlo, puedo aprender, soy capaz. Es cierto que en un clima de tensión también podemos aprender, pero con esfuerzo, sin gusto, con miedo, y esto trae consecuencias serias para la salud y para la relación con el aprendizaje y la autoestima.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra postura, para liberar la tensión acumulada y relacionarnos de una forma más armoniosa y equilibrada con los niños y niñas?

El primer paso es parar. Parar para sentir nuestro cuerpo y tomar conciencia de cómo estamos, de cómo nos movemos, cómo respiramos, de cómo hacemos lo que hacemos: con esfuerzo, tensión y dolor o con suavidad, calidad y eficacia. Para parar y sentir hace falta coraje porque cuando entramos a sentir nuestro cuerpo “se abre la caja de pandora”, puesto que en él está almacenada toda la memoria de lo que vivimos desde que fuimos concebidos.
Desde que nacimos fuimos adaptándonos a nuestro contexto familiar y socio-cultural adquiriendo una serie de creencias y unos hábitos de movimiento restringidos pero fundamentales para poder adaptarnos a todas aquellas circunstancias ¡sobrevivimos de la mejor manera que pudimos! Y ahora de adultos tenemos la fortuna de poder tomar la responsabilidad de madurar y crecer y dejar deseguir viviendo y moviéndonos con los mismos patrones que aprendimos en la infancia. El gran don de la vida humana es que podemos aprender, crecer en opciones, en posibilidades, que podemos abrir nuestra mente a nuevas creencias, descubrir y ampliar la gama de posibilidades de movimiento de nuestro cuerpo creando nuevas conexiones neuronales en nuestro cerebro. Así que podemos felicitarnos por lo bien que lo hicimos de pequeños y animarnos a seguir aprendiendo, recordando que nuestra capacidad de aprendizaje no tiene límites.

“El aprendizaje es el don de la vida. Un aprendizaje especial: el de conocerse a uno mismo” Moshé Feldenkrais.

Yo no hablaría de liberar tensión acumulada. Esta imagen es demasiado simplista. Es como si fuéramos un recipiente en el que se vertió tensión y hay alguna forma de vaciarlo. No es tan fácil.
Cómo se gesta y se mantiene, por décadas, la tensión en nuestro cuerpo, cómo es nuestra postura y nuestra calidad de movimiento tiene que ver con los mecanismos de adaptación al entorno que desarrollamos en la infancia. Estos mecanismos de adaptación son rutas neuronales, hábitos enraizados en nuestro cerebro, que lleva tiempo transformar. Cosas como correr, gritar o darnos un masaje puede tener un efecto de liberación de la tensión inmediato pero no duradero. Es decir, no generan nuevas rutas neuronales, no cambian nuestros hábitos.
Para disminuir el estrés, la tensión, la ansiedad o la depresión hay que sumergirse en un profundo camino de autoindagación. Para cambiar estos hábitos inconscientes, estos patrones de acción dolorosos y limitantes, que llevan décadas tomando el mando de nuestra vida, necesitamos tiempo. Tiempo para parar, para sentir, para ver y escuchar qué nos dice el cuerpo. Tiempo para indagar, para profundizar, para hacernos nuevas preguntas y encontrar nuevas respuestas, nuevas posibilidades. Tiempo para crear, para inventar nuevos hábitos, nuevas creencias, nuevos movimientos. Tiempo para des-aprender y tiempo para re-aprender.

Hay personas que dedicaron su vida a investigar cómo sanar, cómo liberar la tensión de nuestro cuerpo-mente, de mejorar nuestra postura y nuestra manera de movernos. Pioneros como Moshé Feldenkrais con el Método Feldenkrais de Autoconciencia a través del Movimiento, Wilhelm Reich con la Bioenergética, Ida Rolf con el Rolfing, Thérèse Berterat con la Antigimnasia y Eduardo Liébana con la Sanación Espiritual son algunos de los maestros y maestras que pueden ayudarnos a deshacer nuestro pasado en el presente para que podamos vivir un futuro de más calidad, armonía y paz.

¡Muchas gracias Helena!

 

Mirando y Escuchando a mi cuerpoEnlaces de interés:

El estrés en la educación.

Una aproximación psicosocial al estrés escolar

Cómo tus padres modelaron tus creencias

Mindfulness. Guía básica para alcanzar la conciencia plena

Medicina China y estrés

 

Ilustración de la portada de Cecilia Ramos La Ché. Mucho arte el tuyo ; ) 

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